
(ChicosVaca)
A veces flasheo ver su Facebook o su Instagram dando vueltas por el universo. Después me cae la ficha de que eso nunca pasó y, en la ironía de estos tiempos, instantáneamente entiendo que fue mucho mejor que eso. Fueron canciones. Esa sensación de que fuimos creciendo y viendo todo lo que pasaba en el mundo Soda, aun sin estas herramientas. Ellos, con Gustavo como motor del sueño, generaron esa analogía con estos tiempos. Fueron una rama de la vanguardia social de todos estos años.
¿Cómo hacer para estar siempre adelante de lo que va pasando, en cuerpo, mente y sonido? ¿Cómo hacer para saber que el camino es tan claro y reinventarlo indefinidamente en cada nuevo intento, con cada nuevo disco? La respuesta se la llevó hace un año atrás uno de los compositores más brillantes y completos de nuestra música.
Gustavo fue un artista poderosamente integral con claridad estética desde lo musical y lo visual, que abrió por completo el juego de lo que fuimos viviendo estos últimos 30 años en el rock nacional. Desafió los deseos incansables de muerte de muchas masas por “no ser rockero” o “del palo”, y hoy el rock no para de extrañarlo cinco años después de apagarse.
Un compositor con lo más elegante de Buenos Aires, en constante modernidad, quizás con la voz más representativa de la capital. Es como si su voz sonara a grandes avenidas, a velocidad de gran ciudad. Fue poesía que se fue liberando con el correr de los discos, fue palabras desconocidas generando nuevas vueltas a su propio significado, y más de una vez nos hizo googlear cosas inesperadas. Una ejecución excelente del instrumento claramente personal y una estética vanguardista desde el pelo hasta las botas, desde los mismos años 80´s, influenciada por los internacionales que incluso él supo mejorar.
Gustavo es el tipo que se la batió al jet set, siendo parte de él. Gustavo es el que nunca se sintió tan bien a horas de apagarse. Él fue un Dinamo, él fue una Canción Animal, él fue los sueños eléctricos de su Jackson Soloist. Cuando quiso paz, nos sacó de la distorsión y nos regaló confort y música para volar. Sinfónico y electrónico, psicodélico y dulce en la misma habitación del crimen.
Cerati llevó y trajo la música a sus necesidades, la desarrolló incansablemente todos los días de su vida, tanto que nos terminó demostrando que música y recorrido pueden ser la misma cosa, que van juntos, en constante viaje hacia la redención.
Gracias Gus, espero estés disfrutando tu Lago.
Canciones: Un millón de años luz / Pasos / Lago en el cielo |
|

|